Heredero de una saga de dos generaciones de panaderos, Francesc Pomar Mir nació en Campos el 17 de mayo de 1942. Su abuelo, Francesc Pomar Aguiló, fundó el negocio familiar tras formarse en el oficio en Barcelona. En el año 1902 fundó junto a su esposa, Francisca Pomar, un pequeño horno de pan y ensaimadas en la calle de Plaça. Tras su prematura muerte, su hijo, Joan Pomar Pomar, junto a su madre y su esposa, Magdalena Mir Cladera, continuaron con el negocio familiar. De este matrimonio nacieron tres hijos: Francesc, Jaume y Joan.
Francesc creció en la posguerra rodeado del trabajo y el ambiente del obrador de Can Pomaret, ubicado en el corazón del pueblo. Completó su formación escolar en Campos hasta el bachillerato, destacando en matemáticas y con la aspiración de convertirse en profesor. Su afición por el ajedrez y los Sudokus reflejaba su mente analítica y su habilidad para resolver problemas. Sin embargo, las circunstancias familiares lo llevaron a seguir la tradición de la familia, y se dedicó al oficio de panadero, igual que su abuelo: los dos de nombre Francesc y con el mismo espíritu emprendedor. A los 20 años, en 1962, se casó con Francisca Oliver Roig, con quien formó una numerosa familia de cinco hijos: Magdalena, Joan, Matías, Catalina y Fátima. Sus hijos y nietos representan a día de hoy la quinta generación de Pastelerías Pomar, con tiendas en Campos y Palma, y una presencia en línea inimaginable en el pasado.


En 1964, con tan solo 22 años, Francesc viajó a Sant Cugat del Vallès, Barcelona, para estudiar pastelería con maestros de reconocido prestigio como Jaume Sàbat Aumasqué, Antoni Escribà o Francesc Baixas, entre otros. El 30 de abril de ese mismo año obtuvo el carné como pastelero profesional expedido por la Escuela Profesional de Confitería y Pastelería de Sant Cugat. A partir de este momento, Francesc no dejó nunca de adquirir conocimientos y establecer relaciones con los profesionales más destacados de la Isla, como los pasteleros Ramis de Llucmajor, Segura de Muro y Moranta de sa Pobla, así como con grandes figuras del sector a nivel nacional y europeo.
El año 1965 marcó un punto de inflexión en su carrera, puesto que junto a su esposa tomó las riendas del negocio familiar. A partir de entonces, la pastelería de Campos comenzó a ganar reconocimiento en toda Mallorca. Francesc introdujo en la Isla muchos conceptos pasteleros, fruto de su formación, con el objetivo de ofrecer productos de la más alta calidad.


Todo lo que aprendía en sus viajes y cursos formativos en la península lo aplicaba después en su pastelería de Campos. Lejos de la imagen del pastelero celoso de sus recetas, Francesc quiso difundir sus conocimientos para aumentar el nivel del sector y conseguir que el público apreciara la calidad de una buena elaboración. Impulsado por su espíritu emprendedor y su deseo de compartir, Francesc fundó en 1968 la Academia Profesional Pastelera de Campos. En este caso compartir significó tanto enseñar como aprender. El objetivo de la escuela era formar a jóvenes reposteros de Mallorca y España, para cubrir el gran vacío de escuelas profesionales del sector y acercar el arte de la repostería a los profesionales mallorquines, modernizando y profesionalizando la pastelería mallorquina y española. Esta academia fue la primera en Mallorca, permaneció abierta durante más de veinte años y formó a más de 400 alumnos. La academia pasó después a estar bajo la dirección del Gremio de Pasteleros en colaboración con la Consejería de Turismo.
Sin renunciar a las recetas tradicionales de sus antepasados como la del gató, las cocas o las ensaimadas, Pomar introdujo en Mallorca nuevas elaboraciones que aprendía en sus cursos, viajes e intercambios, y las aplicaba en su obrador. Por ejemplo, fue pionero en la isla al introducir los cruasanes, el Roscón de Reyes, el turrón de bizcocho de capuchina del obrador de León de Santiago Pérez, los bombones artesanos aprendidos de Antoni Escribà, los mousses, las pastas de té, la tarta Reina, el pastel Cardinal de origen vienés, la tarta Sacher de Austria, el Plum Cake inglés, la piel de naranja confitada con baño de chocolate de Francia, los buffets fríos, las barras largas de pan rellenas, las caretas de carnaval o las monas de Pascua.


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Como creador inventó pasteles hoy en día ya emblemáticos, como las trufas o el Músico. También recuperó productos tradicionales mallorquines, como el enterullat, una receta antigua de más de 200 años, gracias a la transmisión oral de Cayetano Forteza del horno de Santa Eulàlia de Palma. A lo largo de su carrera participó en diferentes ferias de Barcelona y en las muestras de cocina de Palma y, además de contar con la Carta de Maestro Artesano. Tanto él como las Pastelerías han recibido numerosos reconocimientos como la Medalla de Honor y Gratitud de la Isla de Mallorca, el premio Pastelero del año o el Homenaje por parte de la Asociación de Panaderos y Pasteleros de las Illes Balears.
Francesc Pomar Mir es, sin duda, una figura importantísima en el mundo de la pastelería mallorquina, fue maestro de maestros y así lo demostró a lo largo de su vida. No solo para preservar e innovar el arte de la pastelería, sino también por haber impulsado el sector con una dedicación inigualable, compartiendo sus conocimientos con nuevas generaciones e introduciendo nuevas técnicas y productos que han enriquecido nuestra tradición gastronómica. Esta generosidad dentro de la cultura pastelera ha hecho que Francesc Pomar se haya convertido en un maestro artesano de tradición, innovación, pasión por el trabajo, visión de futuro, transmisión de conocimiento y uno de los máximos exponentes en la introducción de la pastelería moderna en las Islas Baleares. Con todo esto ha posicionado el nombre de Campos y de Mallorca en el mapa de la pastelería de calidad.
Ahora que nos ha dejado, nuestro compromiso es mantener vivo su legado y seguir su ejemplo trabajando con el mismo amor y profesionalidad, tal como él que nos enseñó.
Victòria Mayans Pomar, es nieta de Francesc y actualmente está al frente de la Pastelería Pomar de Campos