Un apodo con más de 100 años

Todo comenzó con la bisabuela, una mujer que siempre iba bien acompañada de sus dos pequeñas perritas. Daba igual a donde fuera, sus fieles acompañantes la seguían y la esperaban, ya fuera a la iglesia o al mercado. A partir de esta entrañable anécdota, la tienda fue bautizada con el nombre Ca ses Cusses, un local con 130 años y con cinco relevos generacionales de la misma familia que han ido tejiendo su historia y la de Manacor.

Desde 1895, Ca ses Cusses ha sido punto de encuentro tanto de vecinos como de visitantes que buscan productos de calidad y trato cercano. Es por ello que hemos querido conocer más de cerca esta historia centenaria. Biel Carrió, cuarta generación al frente del negocio y que después de cincuenta años ha decidido dar paso a su hija Àngela, nos explica que: «me costaba mucho decidirme a jubilarme por temor a perder la relación tan buena que tengo con los clientes. Esto es como si fuera mi casa, donde vienen a comprar y a conversar». Su hija Àngela nos confiesa que «le ha costado mucho aceptar que se tenía que jubilar, porque dice: “yo he nacido aquí, yo me siento muy bien aquí”, y también me da un poco de lástima».

A lo largo de más de ciento treinta años, la tienda ha superado dos guerras mundiales, una guerra civil, el estraperlo, la posguerra e, incluso, la crisis del coronavirus. «Hemos visto pasar de todo, pero lo más difícil ha sido resistir el auge de las grandes superficies y la venta en línea», admite Biel. A pesar de los retos, Can Carrió ha mantenido su esencia y el toque personal que solo un comercio familiar puede ofrecer.

Hace unos años, con la incorporación de Àngela, quinta generación, se tomó la decisión de transformar la pequeña tienda para crear un espacio de degustación que combina el comercio tradicional con una pequeña cafetería. «Hace nueve años, cuando regresé de estudiar en Barcelona, me fijé en que las grandes superficies, supermercados o compras en línea se van comiendo todo el pequeño comercio y la tienda estaba un poco estancada. Con mi padre, siempre que viajábamos, intentábamos buscar cafeterías o locales chulos que nos gustaran y pensábamos que aquí en Mallorca no había ninguno. No acabábamos de encontrar nuestro lugar y decidimos abrirlo nosotros», afirma Àngela con entusiasmo. Ahora, además de comprar especies o paquetes de café, los clientes pueden sentarse un momento, disfrutar de un café recién molido y probar un cruasán.

Continuar con un negocio familiar no es una tarea sencilla, por un lado puede ser un acto de amor y por otro puede ser una cuestión de responsabilidad. «Yo misma he pasado por diferentes etapas. He tenido un momento en que quería abandonarlo todo, “ya no quiero seguir”. Ha habido momentos en que lo veía como una carga, que decía: “Me han puesto esto en la maleta… Porque hace más de cien años de esta tienda, y ahora me ha tocado”. Pero ahora, para mí, es un orgullo continuar un negocio centenario, pero también una gran responsabilidad. Quiero mantener la confianza y la proximidad que han hecho única esta tienda», afirma Àngela con entusiasmo y sinceridad. No se trata solo de mantener abierto un negocio, sino de preservar un vínculo con el pueblo, con la comunidad y con su propia historia familiar.

Ahora, con Àngela al timón, se escribirá un nuevo capítulo con el relevo generacional consolidado, asegurando que este legado continúe floreciendo al menos otros 130 años. Para celebrarlo, os invitamos a visitar Ca ses Cusses y descubrir un espacio donde la tradición y la innovación se dan la mano. Veréis que, como dice Àngela, «no somos ni un bar convencional ni una tienda típica: somos un lugar único donde cada cual puede sentirse como en casa».